COVID-19 persistente: esto es lo que sabemos

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A medida que avanzamos con dificultad en el segundo año de una pandemia mundial, los médicos y científicos están obteniendo una mejor visión de los efectos a largo plazo del coronavirus. Aun así, la persistencia de los síntomas de COVID-19 está resultando ser un desafío tanto para los pacientes como para los cuidadores.

Ahora sabemos que estos síntomas pueden durar mucho tiempo después de que una persona ha dado negativo en la prueba, y algunos pueden persistir durante meses, lo que hace que la recuperación se torne difícil. Esta novedosa información subraya la necesidad de una mejor comprensión de las consecuencias persistentes de la COVID-19 y destaca el carácter complejo de esta nueva enfermedad.

“La COVID-19 persistente es algo difícil de definir porque seguimos aprendiendo cada vez más sobre esta enfermedad”, dice Olveen Carrasquillo, M.D., M.P.H., jefe de Medicina Interna de University of Miami Health System. “En realidad, no sabemos cuál es la causa exacta, y si no lo sabemos, es difícil determinar cómo tratarla”.

La mayoría de las personas que contraen COVID-19 se recuperan en un par de semanas. Pero los médicos han estado atendiendo a un número significativo de pacientes que refieren síntomas persistentes después de que la infección inicial ha desaparecido. En un número cada vez mayor de personas, estos síntomas persisten durante semanas, sin signos aparentes de disminuir.

No existe una definición oficial de COVID-19 persistente.

De hecho, tiene varios nombres, como síndrome poscovídico y síndrome crónico de COVID-19. Sin embargo, los médicos consideran que un paciente presenta COVID-19 persistente si sus síntomas no desaparecen después de cuatro semanas.

Los síntomas persistentes después de una infección por virus de las vías respiratorias superiores no son infrecuentes, dice el Dr. Carrasquillo. “Sabemos que la tos puede durar semanas o meses después de que uno se ha recuperado de la infección”, agrega, “pero con la COVID-19 es diferente. No es solo la tos lo que persiste. Pueden ser muchos otros signos y síntomas”.

Los pacientes informan una variedad de dolencias que se presentan con diverso grado de intensidad. Esto ha llevado a los médicos a determinar que puede haber varios tipos de COVID-19 persistente, cada uno con diferentes presentaciones y resultados, lo que dificulta todavía más el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad posterior a la infección.

Por otro lado, la COVID-19 persistente puede ser más común de lo que se creía antes. Varios estudios recientes han demostrado que hasta 1 de cada 3 pacientes con COVID-19 presenta síntomas prolongados. Además, dos informes publicados en JAMA estimaron que entre el 10 % y el 30 % de los pacientes con COVID-19 tenían al menos un síntoma persistente hasta 6 meses después de que su organismo hubiera combatido el virus. Esto afectó tanto a pacientes hospitalizados como a aquellos con una forma más leve de la enfermedad, aunque no en números iguales.

Estos ejemplos, que parecen contradictorios, pueden resultar confusos. “En el caso de la COVID-19, sabemos quién está en riesgo, pero no tenemos una idea clara de quién presentará COVID-19 persistente”, dice el Dr. Carrasquillo. “Todavía estamos tratando de resolverlo”.

No es de extrañar que los editores de la revista médica The Lancet llamaran a la COVID-19 persistente “un desafío médico moderno de primer orden” en una editorial de agosto.

Sin embargo, hay buenas noticias a medida que los investigadores abren el telón para revelar detalles convincentes de este enigmático virus. Por ejemplo, un estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades determinó que la fatiga era el síntoma más común entre los pacientes con COVID-19 confirmada que manifestaron complicaciones a largo plazo. Le siguieron la prevalencia de tos y dolores de cabeza, dificultad para respirar, y pérdida del olfato y el gusto.

Por supuesto, esos no son los únicos síntomas persistentes, ni los más graves. Muchas personas con COVID-19 persistente refirieron disfunción cognitiva, dolores musculares, problemas con la movilidad, ansiedad y depresión.

Además, los investigadores que analizaron datos de la Administración de Salud para los Veteranos encontraron que todo tipo de problema renal, incluida la enfermedad renal en etapa terminal, era más común en pacientes que habían tenido COVID-19 y habían sido admitidos en la unidad de cuidados intensivos. El estudio, publicado en la revista Journal of the American Society of Nephrology, indicó que los médicos deben controlar la función renal tanto en los casos graves como en los leves, incluidos los casos asintomáticos.

“Es un desafío desarrollar criterios [para el tratamiento] porque hay muchos más síntomas generalizados difusos y no específicos de los que solemos ver después de la mayoría de las otras infecciones víricas”, dice el Dr. Carrasquillo.

Aunque los casos leves y asintomáticos pueden presentar síndrome crónico de COVID-19, los científicos saben que las personas más enfermas que ingresan en el hospital tienen más probabilidades de tener síntomas persistentes. En un estudio publicado en línea, casi la mitad de los pacientes hospitalizados por COVID-19 sufrieron al menos un síntoma persistente durante un año entero después del alta. Los pacientes también refirieron puntuaciones más bajas en la calidad de vida que la población general. Y lo que es más preocupante, algunos pacientes del estudio señalaron que ciertos síntomas, en concreto, problemas respiratorios, fueron peores después de transcurrido un año que al principio.

¿Qué se puede hacer mientras los científicos buscan respuestas a las numerosas preguntas sobre el síndrome crónico de COVID-19?

“Vacunarse”, dice el Dr. Carrasquillo. “Sabemos que las vacunas funcionan. Sabemos que previenen formas graves de la enfermedad y evitan que los pacientes tengan que internase en el hospital”.

Los estudios continúan demostrándolo. La investigación publicada el mes pasado en The Lancet Infectious Diseases encontró que las personas completamente vacunadas (aquellas que recibieron dos dosis de la vacuna) tenían un 49 % menos de probabilidades de contraer COVID-19 persistente.

También tenían un 73 % menos de probabilidades, respecto de los no vacunados, de ser hospitalizados y un 31 % menos de probabilidades de presentar síntomas.

Que las personas se protejan contra el virus les da a los científicos “tiempo para comprender mejor las causas de estos síntomas persistentes”, concluyó el Dr. Carrasquillo.


Ana Veciana-Suarez, columnista invitada

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Ana suele colaborar con University of Miami Health System. Es una autora y periodista reconocida que trabajó en The Miami Herald, The Miami News y The Palm Beach Post. Visite su sitio web en anavecianasuarez.com o sígala en Twitter: @AnaVeciana.


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