Fe, Esperanza y Sanación: El Cuidado Espiritual es Fundamental para el Apoyo al Paciente

Cuando Alba Violeta Espitia comenzó a enfrentar el peso físico y emocional del tratamiento de cáncer, las lágrimas salían fácilmente y con frecuencia. Los días se mezclaban, llenos de agotamiento y de incertidumbre, cada uno más difícil que el anterior. Sin embargo, en medio del dolor y el miedo, encontró un aliento — una fuente silenciosa de fuerza y ánimo que la ayudó seguir adelante.
Lo que comenzó como conversaciones breves y oraciones rápidamente se convirtió en un salvavidas, brindando consuelo, comprensión y esperanza cuando más los necesitaba.
El cuidado espiritual, dice, se ha convertido en una parte significativa de su camino hacia bienestar emocional. Espitia se siente especialmente agradecida por haber conocido y establecido una relación estrecha con la Capellana Silena Villanueva, y por los momentos que le han permitido abrirse, sentirse escuchada y liberar emociones que usualmente guarda para sí misma.
“A veces uno busca algo que realmente no sabe que necesita,” Espitia dice. “Eso es lo que yo encontré en Silena — ella me ha dado tanto apoyo. Hablamos, rezamos, nos reímos.”
Diagnosticada con cáncer renal en 2017, médicos descubrieron en 2020 que había hecho metástasis a ambos pulmones y su esternón. Desde entonces, Espitia ha recibido tres sesiones de radioterapia y múltiples ciclos de quimioterapia. Desde mayo 2024 forma parte de un estudio médico probando un medicamento llamado Cadastifan.
“Ha sido un verdadero aliento ser parte de este estudio,” Espitia dice. “Saber que mi participación podría ayudar a que este medicamento sea aprobado me da esperanza.”
El cuidado espiritual puede ayudar a los pacientes a atravesar momentos difíciles.
Espitia supo del cuidado espiritual en el Sylvester Comprehensive Cancer Center, parte de UHealth – University of Miami Health System, gracias a una mujer que conoció en el vestíbulo del centro un día que estaba especialmente angustiada. La mujer, también paciente, le comentó sobre los programas de asistencia que ofrece el hospital, le presentó a trabajadores sociales que podían coordinar el transporte para sus visitas médicas y sugirió que Espitia también se reuniera con un asesor espiritual.
“Era un momento muy difícil,” dice Espitia, quien es de Venezuela and lleva casi cuatro años en Estados Unidos. “Sentía que algo me faltaba; a veces tenía pensamientos feos.»
En estas conversaciones y oraciones ella encontró momentos de calma en medio del torbellino de visitas médicas, exámenes, escaneos y tratamientos y sus efectos secundarios relacionados — ayudándola tomar una pausa, respirar y hallar algo de paz en medio de todo.
Los planes de supervivencia pueden coordinar diversas actividades, incluida la atención espiritual.
Villanueva animó a Espitia a considerar actividades ofrecidas por el Survivorship and Supportive Care Institute de Sylvester — incluyendo yoga, acupuntura, arte, música y terapia de masaje. Se matriculó en varias y comenzó clases de ejercicios lunes, miércoles y viernes. La emoción de hacer ejercicios recordó Espitia, la ayudaba a salir de la cama.
Su relación con Villanueva se ha convertido en una de las partes más significativas de su camino. Lo que comenzó como breves visitas durante su tratamiento se transformó en profundas conversaciones sobre fe, esperanza y sanación. Villanueva ha estado a su lado mientras Espitia enfrenta uno de sus mayores desafíos: no ha visto a su único hijo — que ahora vive en España — durante cuatro años, ni a su nieto, que permanece en Venezuela.
“Es más que una capellana — es una amiga,” Espitia dice. “Ella me ayudó a ver que no estoy sola.”
A medida que Espitia continúa con su tratamiento, lleva consigo las lecciones de sus sesiones con Villanueva — la paz de la oración, el poder curativo del movimiento y el consuelo de sentirse escuchada — que se han convertido en una fuente de fuerza y paz.
“Siempre me voy sintiéndome más ligera,” dice. “Es como si alguien me quitara un peso del pecho. Puedo respirar nuevamente.”
En Sylvester el cuidado espiritual juega un papel crítico el apoyo a los pacientes frente a la complejidad emocional y los desafíos únicos del tratamiento del cáncer, ayudándolos a encontrar fuerza ante el miedo y la incertidumbre. Cada encuentro está guiado por el paciente, sus necesidades individuales y sus experiencias, Los capellanes también ayudan a los pacientes a identificar otras fuentes de fortaleza que puedan sostenerlos a lo largo del diagnóstico y tratamiento.
La fe ofrece comunidad a los pacientes.
“El cuidado espiritual que proveen los capellanes capacitados para trabajar con pacientes de cáncer y sobrevivientes de cáncer es una parte esencial de la atención integral,” dice Frank J. Penedo, Ph.D., director del Sylvester Cancer Survivorship and Supportive Care Institute y director asociado de ciencias poblacionales en Sylvester. “También ayuda a los pacientes a navegar los complejos desafíos emocionales y existenciales de su diagnosis, y es un complemento vital al tratamiento médico. Los servicios de capellanía están completamente integrados en nuestros programas de supervivencia y cuidados de apoyo, por tanto, facilitan la coordinación del cuidado y la prestación de cuidados esenciales de cuidado espiritual y apoyo.”
Para Espitia, la fe también significa comunidad. A través de su conexión con Villanueva ha encontrado nuevas formas de acercarse a otras personas que enfrentan sus batallas con el cáncer y los desafíos que eso conlleva. Ella ha acompañado a otras personas a recibir consultas de cuidado espiritual y cada una lo ha descrito como una bella experiencia — un lugar donde pueden abrirse, rezar y sentirse seguras.
“No es como ir al psiquiatra,” dice.
Con el tiempo, Espitia ha conectado con personas de cerca y de lejos, ofreciendo ánimo y fe para otros que están recibiendo tratamiento contra el cáncer. Algunos se han convertido en amigos a larga distancia, aún sin conocerse en persona. Agrega que frecuentemente les recuerda confiar en sus propios cuerpos, ignorar los comentarios que otros puedan hacer y darle gracias a Dios.
Luego de siete años de tratamiento, Espitia ve su camino no como una enfermedad, sino como una fuente de aprendizaje – un recordatorio de que “Dios sabe cuánto tiempo y por qué estoy viviendo esta experiencia.”
Escrito por Cynthia Corzo.
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