La Importancia Del Sueño Durante El Tratamiento Contra El Cáncer

Con los teléfonos inteligentes junto a la cama y un flujo constante de noticias estresantes, no sorprende que los estadounidenses duerman menos que nunca. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) encontraron que más de un tercio (37,5%) de los adultos del condado de Miami-Dade no duerme lo suficiente. Para los investigadores de Sylvester Comprehensive Cancer Center, la falta de sueño genera preocupación por su posible impacto en el riesgo de desarrollar cáncer y en los resultados del tratamiento.
“La fatiga y los trastornos del sueño se encuentran entre los efectos secundarios relacionados con la enfermedad y el tratamiento que los pacientes reportan con mayor frecuencia, y se ha demostrado que afectan significativamente la calidad de vida, además de asociarse con un mayor riesgo de recurrencia del cáncer”, explica Loren Yavelberg, Ph.D., CEP,, investigadora posdoctoral de Sylvester Comprehensive Cancer Center, parte de University of Miami Miller School of Medicine.
En la mayor parte de los días, la falta de sueño se manifiesta como cansancio, irritabilidad o la necesidad de una taza adicional de café.
Pero para las personas con cáncer (y para quienes las cuidan), la falta de sueño puede representar una carga muy distinta. El sueño influye en la manera en que el cuerpo y, específicamente, las células se recuperan. Afecta el estado de ánimo, sistema inmunitario, metabolismo, hormonas del estrés y la capacidad para afrontar situaciones difíciles.
“El sueño es el momento en que el cuerpo se recupera y restablece. Es cuando elimina desechos, regula hormonas y repara células. Cuando pierde esa oportunidad de recuperación, sus efectos pueden acumularse”, explica la doctora Yavelberg.
En términos prácticos, cuando el sueño comienza a verse afectado, todo lo demás puede sentirse más difícil. La buena noticia es que el sueño también es uno de los aspectos más modificables de la vida diaria.
“Pequeños cambios pueden tener grandes efectos. Mejorar ciertos hábitos puede marcar una gran diferencia, incluso durante el tratamiento del cáncer”, señala la doctora Yavelberg.
Las doctoras Yavelberg y Youngmee Kim, Ph.D., profesora de psicología de University of Miami que estudia los efectos del sueño en pacientes con cáncer, comparten pequeños cambios realistas para mejorar la calidad del sueño y la salud. Aunque sus investigaciones se centran en pacientes con cáncer y sus cuidadores, sus recomendaciones pueden beneficiar a cualquier persona interesada en mejorar su bienestar.
La relación entre el sueño y el cáncer
El sueño influye en múltiples aspectos relacionados con el cáncer. La falta crónica de sueño puede representar un factor de riesgo, es un efecto secundario frecuente para muchas personas y también puede afectar los resultados del tratamiento.
Un estudio publicado en JAMA encontró que las alteraciones del sueño asociadas con largos períodos de trabajo nocturno estaban relacionadas con un peor estado general de salud, incluido un aumento en la incidencia de cáncer.
“La alteración del ritmo circadiano causada por el trabajo nocturno y la exposición a la luz durante la noche puede contribuir al riesgo de cáncer, particularmente en cánceres de mama y colorrectal, mientras que la falta general de sueño medida por duración o calidad no muestra una asociación consistente”, explica Judite Blanc, Ph.D., profesora asistente de psiquiatría y ciencias del comportamiento de Miller School.
Dormir lo suficiente ayuda al cuerpo a sentirse y mantenerse más saludable. La Sociedad Americana Contra el Cáncer recomienda que los adultos duerman aproximadamente entre siete y ocho horas por noche.
La calidad del sueño es tan importante como la cantidad de horas que se duerme.
“Una persona puede dormir 12 horas y despertarse varias veces durante la noche, lo que no necesariamente aporta un buen descanso. Alguien que duerme cinco o seis horas continuas puede sentirse más descansado”, explica la doctora Yavelberg.
Por supuesto, algunas noches de mal sueño no aumentan el riesgo de cáncer ni afectan el tratamiento. Lo importante son los patrones a largo plazo y, aun así, el sueño es solo uno de muchos factores. “El tratamiento contra el cáncer es una etapa estresante, por lo que es normal tener noches difíciles debido a la preocupación por el resultado de un estudio o por los efectos secundarios. Algunas noches de mal descanso no afectarán su tratamiento”, afirma la doctora Kim.
Por qué el cáncer dificulta dormir
El cáncer altera el sueño de múltiples maneras, tanto físicas como emocionales.
Estrés y carga emocional
Un diagnóstico de cáncer genera un nivel de incertidumbre que puede acompañar a pacientes y familias durante la noche. “No solo la persona con cáncer puede tener problemas para dormir. Tener un familiar con la enfermedad también representa una fuente importante de estrés”, señala la doctora Kim.
Tener la mente llena de preocupaciones al momento de dormir es frecuente y puede activar los mismos mecanismos de alerta del organismo que dificultan conciliar o mantener el sueño.
Efectos secundarios del tratamiento
Los medicamentos contra el cáncer, la radioterapia y la cirugía pueden interferir con el sueño. Entre las causas más frecuentes se incluyen:
- Dolor
- Sofocos o sudoración nocturna
- Náuseas
- Necesidad frecuente de orinar durante la noche
- Mayor estado de alerta causado por medicamentos
- Somnolencia provocada por medicamentos que lleva a dormir durante el día
- Cambios hormonales
Estos síntomas pueden retrasar el inicio del sueño o fragmentarlo, dificultando alcanzar las fases profundas y reparadoras del descanso.
Investigación de UHealth: dos estudios sobre cáncer y sueño
Investigadores de UHealth lideran dos estudios sobre cómo el sueño, el estrés y los hábitos diarios afectan a los pacientes con cáncer y a sus cuidadores.
Un estudio de UHealth financiado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés) ofrece un programa de cuatro semanas basado en evidencia para adultos con cáncer gastrointestinal y sus cuidadores. La doctora Kim y su equipo trabajan con parejas para mejorar hábitos que interfieren con el sueño y modificar pensamientos poco útiles mediante pequeños cambios graduales respaldados por evidencia.
La doctora Yavelberg y su equipo también estudian si una alimentación restringida a horarios específicos durante la noche y un programa estructurado de ejercicio pueden mejorar la sincronización del ritmo circadiano, el sueño, la fatiga y la calidad de vida en mujeres con cáncer de mama avanzado que inician tratamiento con inhibidores CDK4/6.
Aunque ambos estudios aún están en desarrollo, investigaciones realizadas en otras poblaciones sugieren que las rutinas diarias alineadas con el ritmo circadiano, así como patrones de pensamiento y emociones saludables, pueden contribuir a mejorar el sueño.
Cómo es un sueño saludable durante el cáncer
Los adultos generalmente se benefician de dormir entre siete y ocho horas por noche. Las personas que reciben tratamiento activo contra el cáncer pueden necesitar más descanso. Sin embargo, la cantidad de horas es solo una parte de la ecuación.
Un sueño saludable durante el cáncer implica:
- Conciliar el sueño en un período razonable
- Permanecer dormido durante períodos más prolongados
- Despertarse sintiéndose relativamente descansado
- Mantener horarios consistentes para despertarse
Dormir bien no requiere perfección. “No se angustie demasiado por una mala noche de sueño”, aconseja la doctora Yavelberg.
Consejos prácticos para dormir mejor
El cáncer puede provocar agotamiento y, al mismo tiempo, dificultad para dormir. “La fatiga relacionada con el cáncer no siempre significa tener sueño. A veces, en lugar de dormir una siesta, una caminata corta puede ayudar a las personas a sentirse menos fatigadas sin afectar el descanso nocturno”, explica la doctora Kim.
Además, bajo situaciones de estrés, muchas personas recurren a hábitos que resultan reconfortantes en el momento, pero que pueden afectar el sueño más adelante, como usar el teléfono en la cama, consumir cafeína tarde o comer mucho por la noche. “Esos hábitos pueden alterar el ritmo circadiano. Cuando sale el sol, nuestro reloj biológico se activa y, cuando anochece, es el momento de relajarse”, explica la doctora Kim.
La doctora Kim recomienda fortalecer los hábitos diarios relacionados con el sueño mediante estas estrategias:
- Limitar el consumo de cafeína, alcohol y nicotina varias horas antes de acostarse
- Mantener actividad física diaria, aunque sea una caminata corta
- Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y fresco
- Reservar la cama para dormir y la intimidad
- Evitar el uso de pantallas en la cama o durante los 30–60 minutos previos a dormir
- No acostarse hasta sentir sueño
- Mantener horarios consistentes para despertarse, incluso los fines de semana
Cuándo pedir ayuda
Consulte con su equipo médico si:
- Los problemas de sueño duran más de algunas semanas
- La fatiga dificulta el tratamiento o las actividades cotidianas
- Necesita medicamentos para dormir la mayoría de las noches
- Su pareja nota ronquidos fuertes, jadeos o pausas respiratorias que podrían indicar apnea del sueño
“Los pacientes con cáncer deben hablar sobre el sueño con su oncólogo o con un profesional de salud mental. Para obtener mejores resultados, un componente personalizado de salud del sueño que incluya duración, calidad y satisfacción debería formar parte del plan de tratamiento o recuperación”, señala la doctora Blanc.
Dormir bien es una parte importante del bienestar físico y emocional. Para las personas que atraviesan un tratamiento contra el cáncer y para quienes las cuidan, el sueño puede desempeñar un papel aún más importante. Pequeños cambios, como mantener la habitación más fresca, establecer un horario límite para la cafeína, hacer una caminata corta o desconectarse de las pantallas antes de dormir, puede marcar una diferencia significativa.
“Adaptamos nuestras recomendaciones a cada persona para juntos encontrar cambios realistas”, concluye la doctora Kim.
Escrito por Wendy Margolin.
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