¿Se Puede Aprender la Inteligencia Emocional? Los Expertos Dicen que Sí

En un mundo saturado de tecnología, la inteligencia emocional nunca ha sido tan importante. Después de todo, la computación cuántica y la inteligencia artificial no son humanas, ni pueden sentir o reaccionar de nuestra manera única, compleja y a veces desordenada.
Pero, ¿qué es exactamente la inteligencia emocional? Y, quizás más importante aún, ¿se puede enseñar?
«Es la capacidad de una persona para percibir, regular y manejar las emociones intrapersonales e interpersonales», explica Elisa Diaz, Psy.D., psicóloga de la Miller School of Medicine de la Universidad de Miami. En otras palabras, «qué tan bien alguien gestiona su vida emocional interna, así como las emociones que dan forma a sus interacciones con los demás».
El concepto de inteligencia emocional existe desde hace décadas
La Dra. Diaz agrega que todos conocemos a personas que sobresalen en esta área. «Algunas personas son muy buenas para manejar sus sentimientos y leer el ambiente. Parecen saber de forma natural qué es apropiado.»
La idea del CE (coeficiente emocional) en relación con el IQ (coeficiente intelectual) entró en la conciencia pública en 1995, cuando el psicólogo y periodista científico estadounidense Daniel Goleman publicó un libro sobre el tema. Inteligencia Emocional fue traducido a 40 idiomas y permaneció 18 meses en la lista de los más vendidos del New York Times.
De repente, la IE (inteligencia emocional) se convirtió en un tema muy debatido en la psicología y en un concepto popular en los círculos de autoayuda. Las ideas de Goleman sobre qué constituía la IE —autorregulación, autoconciencia, motivación, empatía y habilidades sociales— influyeron desde la contratación corporativa hasta la capacitación en liderazgo y el desarrollo estudiantil. Lamentablemente, con el tiempo el concepto ha sido mal utilizado y simplificado en exceso.
Hoy en día, los psicólogos y otros expertos en salud mental definen la inteligencia emocional a partir de 4 componentes:
- Autoconciencia. Implica reconocer las propias emociones y comprender cómo influyen en el comportamiento.
- Autorregulación. Como su nombre lo indica, esta habilidad requiere gestionar la reacción ante los sentimientos. O, como explica la Dra. Diaz: «Los seres humanos tenemos una amplia gama de emociones, pero el hecho de que las sintamos no significa que debamos actuar según ellas.»
- Conciencia social. No basta con «leer» las propias emociones; una persona con un CE alto también es capaz de reconocer las emociones en los demás y comprender cómo estas pueden afectar las interacciones sociales.
- Habilidades sociales. Implica la capacidad de construir relaciones, comunicarse con claridad, colaborar con otros y resolver conflictos cuando surgen.
Los cuatro «rasgos» son importantes, pero las dos primeras habilidades intrapersonales son esenciales. «Hay que conocerse a uno mismo, saber cómo se reacciona ante las situaciones, para poder desarrollar los demás componentes de la inteligencia emocional», explica la Dra. Diaz. «Es un efecto en cascada.»
Las investigaciones han demostrado que la inteligencia emocional es «importante para nuestro éxito, ya sea en la escuela, en el trabajo o en nuestras relaciones con los demás», agrega.
Un estudio de 2006 analizó cómo la IE se relacionaba con el éxito académico y el desempeño profesional en las carreras de la salud. Encontró que puntajes más altos de IE coincidían con el éxito escolar y laboral, especialmente en trabajos que requerían trabajo en equipo, comunicación o trato con pacientes.
Sin embargo, los principales investigadores del área advierten que la IE no es una fórmula mágica
Aunque un CE alto puede compensar un IQ más bajo, se necesita más que habilidades sociales y autoconciencia para triunfar en los ámbitos académico y empresarial. De hecho, es la combinación de un IQ alto y un CE alto la que se traduce en el mejor desempeño.
A pesar de su importancia en los ámbitos personal y profesional, datos globales recientes apuntan a una «disminución significativa» de la IE. Un estudio longitudinal con 28,000 adultos en 166 países mostró una caída global del 5.79% en el CE entre 2019 y 2024, medida en ocho competencias de inteligencia emocional. El informe de 2025, publicado en Frontiers in Psychology, encontró que no se trataba de un descenso pasajero, sino de una disminución constante: una «Recesión Emocional«. Los investigadores atribuyeron esta caída a los factores de estrés del mundo pospandemia, que han derivado en agotamiento, estrés crónico, desconexión social y presión económica.
«Estamos perdiendo algunas de estas habilidades por falta de práctica», explica la Dra. Diaz.
Sin embargo, hay buenas noticias.
La inteligencia emocional no es un punto fijo
Los adultos pueden mejorar sus habilidades y los niños pueden aprender mejores comportamientos con el entrenamiento adecuado:
Cultive la autoconciencia
La Dra. Diaz sugiere escribir un diario de emociones para identificar los detonantes.
«Escribir obliga a detenerse y reflexionar», explica. Con los niños, se les puede pedir que dibujen lo que sienten. Pero si escribir (o dibujar) no es lo suyo, hable con un amigo comprensivo y sin prejuicios que esté abierto a sus emociones. Las guías en los libros de autoayuda también pueden ayudar. Si nada de esto funciona, busque a un terapeuta.
Desarrolle la regulación emocional
Cuente hasta diez. Aléjese. Tome una ducha fría. La idea es retrasar la reacción automática, y a menudo negativa. Intente hacerlo todos los días, tanto en situaciones pequeñas como significativas. Los niños también se benefician cuando los padres fomentan la gratificación diferida. Por ejemplo, un niño puede salir a jugar después de terminar la tarea.
Practique el mindfulness
Esto se complementa bien con la regulación emocional. Tómese unos minutos cada día para «conectar» con su cuerpo. Puede lograrlo mediante técnicas de respiración profunda, meditación o cualquier otra práctica que le brinde calma. La idea es permitirse estar en silencio y presente en el momento. «En nuestro mundo, donde hay movimiento y ruido constante de fondo, esto puede ser una de las cosas más difíciles de hacer», agrega la Dra. Diaz.
Ejercite su empatía
La mayoría tendemos a apresurarnos a juzgar. Intente esto en su lugar: escuche con atención lo que dice la otra persona. Preste atención a las señales no verbales. «No siempre tomamos en cuenta por qué alguien podría estar reaccionando de cierta manera», dice la Dra. Diaz. «Es importante recordar que todos estamos pasando por algo. Póngase en su lugar.»
Socialice
Asista a fiestas y eventos de networking. Participe en proyectos de equipo en el trabajo. Inscríbase en actividades comunitarias. Únase a un club o equipo. Si es tímido o le falta práctica, empiece poco a poco. «Preséntese a una sola persona y construya a partir de ahí», aconseja la Dra. Diaz. «Le ayudará a superar la incomodidad y la ansiedad.»
Desarrollar la inteligencia emocional no significa reprimir los sentimientos negativos ni ser permanentemente positivo y agradable. Se trata de expresarse de manera auténtica y construir relaciones sólidas con los demás. Es el marco que ayuda a una persona a comprender y nombrar sus sentimientos, trabajar en equipo, terminar una tarea y relacionarse con personas de personalidades distintas.
«Se puede desarrollar el CE y enseñar estas habilidades a los hijos con el tiempo», agrega la Dra. Diaz. «Pero no es algo que se hace una sola vez. Requiere práctica diaria.»
Escrito por Elisa Diaz. Revisado por Elisa Diaz, Psy.D.
Referencias
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC1636947
https://www.frontiersin.org/journals/psychology/articles/10.3389/fpsyg.2025.1701703/full
Tags: desarrollo personal, Dra. Elisa Diaz, habilidades de empatía, mindfulness y salud emocional, resiliencia emocional