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Tomar Tamoxifeno: Del Miedo A Encontrar Mi Propio Camino

8 min read  |  abril 15, 2026  | 
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Durante décadas, el tamoxifeno ha sido una piedra angular en el tratamiento y la prevención del cáncer de mama, salvando incontables vidas. Su capacidad para bloquear la acción del estrógeno en el tejido mamario lo convirtió en una terapia innovadora para el cáncer de mama con receptores hormonales positivos. Se utiliza para tratar enfermedad metastásica, reducir el riesgo de recurrencia después de cirugía y radiación, y disminuir el riesgo de cáncer en mujeres con mutaciones genéticas, antecedentes familiares fuertes u otros factores de alto riesgo.

“El tamoxifeno sigue siendo una opción excelente y relativamente bien tolerada para mujeres de bajo riesgo con cáncer de mama temprano impulsado por estrógeno, así como para la prevención del cáncer de mama”, afirma Lauren Oshry, M.D., oncóloga médica especializada en cáncer de mama en Sylvester Comprehensive Cancer Center, parte de UHealth – University of Miami Health System.
“Es un pilar fundamental del tratamiento del cáncer de mama”.

El medicamento que más temía

Yo sabía todo esto cuando me diagnosticaron cáncer de mama en etapa temprana con receptores de estrógeno positivos, y mis médicos me dijeron que al menos cinco años de tamoxifeno formarían parte de mi plan de tratamiento. Aun así, saber que algo puede salvarte la vida no significa que sea fácil aceptarlo.

Había escuchado historias preocupantes sobre el tamoxifeno de otras sobrevivientes, en blogs, foros de discusión y conversaciones. Me preocupaba no sentirme como yo misma, y que mis efectos secundarios fueran minimizados o descartados.

En mi mente, el tamoxifeno se perfilaba como la parte más difícil del tratamiento, generándome mucha más ansiedad que la lumpectomía o la radiación.

Cuando me reuní con mi oncólogo médico, confirmó que cinco años de tamoxifeno era el estándar de atención para mí como mujer premenopáusica. (Las mujeres posmenopáusicas pueden recibir otros medicamentos antiestrogénicos, como inhibidores de la aromatasa o degradadores selectivos del receptor de estrógeno).

A medida que le compartía mis temores sobre los posibles efectos secundarios, mi médico dibujó una gráfica simple en la pizarra de la sala de examen, mostrando cuánto podía reducir el tamoxifeno mi riesgo de morir por cáncer de mama en los próximos 30 años. A mis 50 años, esa perspectiva importaba. Acepté tomarlo, aunque con muchas preguntas.

Por fortuna, mi oncólogo escuchó de verdad. Tomó en serio mis miedos y me explicó estrategias para manejar posibles efectos secundarios antes incluso de comenzar el medicamento. Esa conversación —y su empatía— me ayudaron a avanzar.

Comenzar el tamoxifeno con intención

Dos semanas después de terminar la radiación, tomé mi primera pastilla de tamoxifeno. Siguiendo la sugerencia de mi acupunturista, intenté darle la bienvenida al medicamento en vez de temerle. Cada mañana decía en voz alta: “Te doy la bienvenida a mi cuerpo para que hagas tu trabajo”. A veces me reía de mí misma, pero ese gesto me ayudó a cambiar el miedo por una mentalidad de sanación.

Ya estaba en la perimenopausia, por lo que la posibilidad de entrar antes a la menopausia no me resultó alarmante. También vivo con fibromialgia, lo que significaba que ya utilizaba medicamentos y estrategias similares a las que suelen emplearse para manejar el dolor muscular y articular asociado al tamoxifeno.

En lugar de esperar a que aparecieran los efectos secundarios, adopté un enfoque proactivo: ejercicio cardiovascular y de fuerza, yoga y tai chi, buenos hábitos de sueño y una dieta antiinflamatoria rica en nutrientes, apoyada con suplementos como calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio.

Durante un tiempo, todo marchó relativamente bien. Luego, a los pocos meses, comenzaron a aparecer algunos efectos secundarios —no de forma dramática, pero sí persistente— y tuve que aprender a convivir con ellos.

Vivir con los efectos secundarios del tamoxifeno

Algunas experiencias se parecían a las de la menopausia en general. Otras parecían claramente relacionadas con el tamoxifeno. Ninguna fue catastrófica, pero todas requirieron atención.

Mis periodos, ya impredecibles, se volvieron aún más irregulares. Desaparecían por meses y luego regresaban brevemente. También comenzaron los sofocos y los sudores nocturnos, especialmente por la noche. Hasta ahora los he manejado con sábanas refrescantes, pijamas que absorben la humedad, capas estratégicas de ropa y agua fría. Aclaro: no he tenido sofocos intensos ni sudoraciones múltiples cada noche como muchas mujeres. Si llego a experimentarlos, hablaré con mi médico sobre terapias no hormonales con respaldo científico.

El reflujo y la sequedad bucal fueron efectos secundarios inesperados. El reflujo se volvió lo suficientemente severo como para llevarme a un gastroenterólogo, aunque las pruebas no mostraron daño permanente. Con medicamentos, cambios en la dieta, ajustes en los horarios de comida, caminatas cortas por la noche y productos de alginato, logré controlarlo. La sequedad bucal, que no identifiqué al inicio, también estaba contribuyendo al problema; tratarla mejoró notablemente mi calidad de vida.

La sequedad vaginal y vulvar, junto con algunas molestias urinarias ocasionales, se manejaron con hidratantes y lubricantes de venta libre cuidadosamente evaluados y recomendados a través de la guía de salud sexual de Sylvester. Encontrar los productos adecuados marcó una gran diferencia.

En el plano emocional, también noté cambios. Siempre he sido equilibrada, pero mis estados de ánimo se volvieron más inestables. Entre la perimenopausia, el cáncer, el estrés de la vida y el tamoxifeno, hubo días en que mis emociones se sentían más intensas e impredecibles.

La terapia, las conversaciones sinceras con amistades, ejercicios de respiración y recordatorios constantes de ser amable conmigo misma fueron herramientas esenciales.

El dolor y la fatiga han sido los mayores desafíos persistentes. Algunos días parecía que todas mis viejas lesiones “hablaban” al mismo tiempo. El entrenamiento de fuerza tiene la evidencia más sólida para combatir el dolor, mientras que el ejercicio cardiovascular ayuda más con la fatiga. Intento mantener ambos, incluso cuando es lo último que quiero hacer. Fisioterapia, acupuntura, especialistas en dolor, tratamientos tópicos, calor, frío y el trabajo con una nutricionista me han ayudado a recuperar energía y reducir el dolor. La mejoría ha sido lenta, pero ha llegado.

“Reconocemos que muchas mujeres experimentan efectos secundarios que pueden hacer muy difícil completar los cinco años recomendados —o incluso 10 en algunos casos— de tratamiento con tamoxifeno”, explica la Dra. Oshry.
“Contamos con un número creciente de estrategias eficaces para manejarlos”.

Estoy controlando mis efectos secundarios y me siento optimista respecto a seguir mejorando. También sé que muchas mujeres enfrentan efectos mucho más intensos. La Dra. Oshry señala que la investigación continúa, incluyendo estudios sobre dosis más bajas para ciertos pacientes.

“Sylvester participa actualmente en un ensayo nacional que evalúa una dosis reducida de tamoxifeno en algunos cánceres de mama tempranos con receptores hormonales positivos”, afirma.

Elegir no solo sobrevivir, sino vivir bien

Ha habido días en los que manejar el trabajo, las comidas, el movimiento y las relaciones se ha sentido abrumador. He llorado más de una vez en la bañera.

El tamoxifeno me exige algo casi todos los días. Pero también me devuelve algo: tiempo.

Con el apoyo de mis médicos y la disposición a experimentar, abogar por mí misma y seguir ajustando, hoy me siento mejor que hace unos meses. No perfecta, pero mejor. Y mejorando.

He aprendido que la supervivencia al cáncer no se trata solo de estar agradecida por seguir viva. Como suelen recordarme los especialistas de Sylvester, el objetivo no es únicamente sobrevivir. Es vivir bien.

El tamoxifeno es parte de mi camino con el cáncer. No es toda la historia, pero sí un capítulo importante. Y estoy decidida a no conformarme con estar viva, sino a seguir avanzando hacia sentirme completa nuevamente.

Apoyo para sobrevivientes en el sur de Florida

Si está experimentando efectos secundarios del tamoxifeno, inhibidores de la aromatasa o menopausia inducida médicamente —ya sean leves o disruptivos— hable con su oncólogo sobre una remisión a los servicios de apoyo para sobrevivientes de Sylvester o a la clínica de supervivencia de cáncer de mama. También puede comunicarse directamente con Survivorship Care llamando al 305-243-4922  o escribiendo a [email protected].

Programe su mamografía en Sylvester hoy.

Un mensaje para personas en el sur de Florida: cuanto antes se detecte el cáncer de mama, mayores son las probabilidades de un tratamiento exitoso. La mamografía ayuda a identificar anomalías mamarias en etapas tempranas, cuando el cáncer es más tratable.

Llame al 305-243-5512

Escrito por Rochelle Broder‑Singer.


Tags: cáncer de mama, efectos secundarios del tratamiento, supervivencia al cáncer, Sylvester Comprehensive Cancer Center, tamoxifeno, Uhealth

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