Comer Mejor Y Mantenerse Activo Puede Reducir El Riesgo De Cáncer

Nadie habría pensado que LaShae Rolle podría desarrollar cáncer: era joven, no tenía antecedentes familiares, hacía ejercicio con regularidad, no fumaba ni bebía alcohol. Por eso, recibir un diagnóstico de cáncer de mama a los 26 años fue una sorpresa devastadora. Sin embargo, sus hábitos saludables resultaron fundamentales para sobrellevar el tratamiento y recuperarse.
Estoy convencida de que el ejercicio y el mayor consumo de frutas y verduras, me ayudó muchísimo”, afirma. Durante el tratamiento, Rolle compró un extractor de jugos y empezó a incorporar frutas y vegetales en cada comida. También mantuvo su rutina de levantamiento de pesas, además de correr y montar bicicleta.
“Estoy convencida de que el ejercicio, junto con aumentar el consumo de frutas y verduras, me ayudó muchísimo”, afirma.
Durante el tratamiento, Rolle compró un extractor de jugos y comenzó a incorporar frutas y vegetales en cada comida. También continuó con su rutina de levantamiento de pesas, además de correr y montar bicicleta.

Carmen Calfa, MD, oncóloga médica especializada en cáncer de mama y codirectora médica del Programa de Supervivencia y Cuidados de Apoyo de Sylvester Comprehensive Cancer Center, parte de UHealth – University of Miami Health System, le recomendó complementar su tratamiento con el Programa de Medicina del Estilo de Vida de Sylvester.
“En Sylvester, nuestros pacientes reciben atención integral en cada etapa. Desde el momento del diagnóstico, nos aseguramos de conectarlos con los programas de apoyo necesarios para optimizar sus resultados”, explica la doctora Calfa. “Nuestros equipos trabajan de manera coordinada, no solo para desarrollar un plan de tratamiento multidisciplinario, sino también para ofrecer un enfoque integral que promueva el bienestar emocional, espiritual y físico a lo largo de toda la atención oncológica. Tratamos a la persona en su totalidad, basándonos en la investigación y en nuestra experiencia como médicos e investigadores”.
La medicina del estilo de vida puede mejorar los resultados.
El tratamiento oncológico suele ser exigente en todos los sentidos. Cambios físicos, como la caída del cabello, las fluctuaciones de peso o las secuelas de una cirugía, pueden resultar emocionalmente difíciles. Además, muchos pacientes experimentan la llamada “fatiga de la quimioterapia”, una sensación persistente de agotamiento.
Aunque algunas de estas dificultades son inevitables, Rolle cree que los pacientes sí pueden influir en la manera en que afrontan el tratamiento. “No sé por qué me dio cáncer, pero sí sé que la alimentación y el ejercicio pueden ayudarme a prevenir que vuelva”, comenta Rolle, candidata a doctorado en la Miller School of Medicine de University of Miami. “Y si hay algo que pueda hacer para reducir ese riesgo, voy a hacerlo”.
Los especialistas coinciden. Cada vez hay más evidencia de que cuidar la alimentación y mantenerse físicamente activo antes, durante y después del tratamiento mejora los resultados y disminuye la probabilidad de recurrencia. Esto puede hacerse de distintas maneras.
La alimentación puede ayudar incluso a quienes tienen alto riesgo genético.
Las investigaciones muestran que los cambios en la dieta pueden beneficiar incluso a las personas con

una predisposición genética al cáncer, según Paola Rossi, M.D., directora clínica del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Sylvester Comprehensive Cancer Center.
“Sabemos que las mutaciones genéticas desempeñan un papel importante en el desarrollo del cáncer, pero también que el 40% de los diagnósticos está relacionado con factores del estilo de vida, principalmente la alimentación, el peso, la actividad física y el consumo de tabaco”, señala.
Una alimentación basada principalmente en alimentos de origen vegetal, rica en proteínas, frutas, verduras y grasas saludables, ayuda a reducir la inflamación, que puede agravar distintos problemas de salud y aumentar el riesgo de cáncer.
“Se trata de encontrar un equilibrio”, explica la doctora Rossi. “Si un paciente tiene una mutación genética, insisto en la importancia de mantener un peso saludable y comer bien, porque sé que eso puede ayudar. No podemos cambiar la genética, pero sí nuestros hábitos diarios”.
Para las personas con mayor riesgo de desarrollar cáncer, Sylvester —el único centro oncológico en el sur de Florida designado por el Instituto Nacional de Cáncer, NCI, por sus siglas en inglés— ofrece el Programa de Medicina del Estilo de Vida, Prevención y Salud Digital para Pacientes de Alto Riesgo.
Además, la clínica del Síndrome de Predisposición Genética (GPS, por sus siglas en inglés) de Sylvester, respaldada por la iniciativa Eileen Youtie de predisposición hereditaria al cáncer, brinda atención personalizada a quienes tienen riesgo de heredar cáncer. Uno de sus componentes clave es el acceso a un asesor de salud, quien evalúa los hábitos y motivaciones de cada paciente y trabaja con él para implementar cambios sostenibles en la alimentación, actividad física y otras conductas que pueden disminuir el riesgo.
La alimentación y el ejercicio marcan la diferencia desde el diagnóstico hasta la supervivencia.
Para quienes ya han sido diagnosticados, mejorar la alimentación y la rutina de ejercicio es importante desde el inicio del tratamiento. “Siempre queremos saber qué ocurre después del tratamiento, pero hoy también existen nuevas investigaciones sobre lo que sucede durante esa etapa: qué comemos, cuánto nos movemos y cómo influye en los resultados, así como en síntomas como la fatiga o los trastornos gastrointestinales, que a veces limitan la cantidad de tratamiento que una persona puede recibir”, explica la doctora Rossi.
“La masa muscular es fundamental para la supervivencia”, señala la Dra. Rossi. “La alimentación y el ejercicio son dos de las herramientas más eficaces para preservarla. Una dieta rica en proteínas magras, grasas saludables y nutrientes que favorezcan el desarrollo muscular, combinada con actividad física durante o después del tratamiento, puede marcar una enorme diferencia”.
Una vez finalizado el tratamiento activo, mantener hábitos saludables puede reducir significativamente el riesgo de que el cáncer regrese o de desarrollar uno nuevo.
La evidencia muestra que, después del tratamiento, consumir al menos cinco porciones de fruta al día, aumentar la actividad física y mantener un peso saludable puede reducir hasta en 40% la probabilidad de recurrencia. Ese porcentaje corresponde al efecto combinado de todos esos hábitos, aclara Tracy Crane, Ph.D., RDN, directora de Medicina del Estilo de Vida, Prevención y Salud Digital de Sylvester Comprehensive Cancer Center.
“Como suele decir la doctora Crane, si pensáramos en esto como un medicamento, sería el tratamiento más vendido del mundo, porque muy pocos fármacos ofrecen resultados semejantes. Así de poderosa es la alimentación para la supervivencia al cáncer”, afirma la Dra. Rossi.
Qué comer para reducir el riesgo de cáncer y mejorar los resultados del tratamiento
La American Cancer Society recomienda una alimentación predominantemente basada en vegetales, con proteínas magras, cereales integrales, grasas saludables y abundantes frutas y verduras.
La mejor manera de alimentarse bien suele ser prepararse con anticipación. Como dice la doctora Crane: “terminas comiendo lo que tienes en la despensa y en el refrigerador, así que conviene tener opciones saludables listas y a la mano”.
Mantenga estos alimentos saludables disponibles:
- Verduras crucíferas y hojas verdes, como kale, coliflor, brócoli, repollo, espinaca y bok choy
- Proteínas magras, como pollo sin piel, pescados grasos y de carne blanca, camarones, huevos, frijoles, tofu (sí, las personas sobrevivientes de cáncer pueden comer tofu), queso cottage, yogur griego y leche, ya sea láctea o vegetal
- Bayas frescas como arándanos, frambuesas y fresas; también puede probar algo diferente, como las grosellas
- Otras verduras, como zanahorias, pimientos, berenjena y espárragos
- Frutas congeladas
- Verduras congeladas
- Carnes magras
- Pescado
- Frijoles secos o enlatados, como frijoles negros, rojos y lentejas
- Especias como cúrcuma, canela, jengibre y hojuelas de chile rojo
- Cereales integrales, como pan de trigo, tortillas, avena, quinua o arroz integral
- Mantequillas o cremas de frutos secos
- Frutas, especialmente manzanas y bananas, así como naranjas, mandarinas o clementinas, y melones
- Guayaba, mango y papaya, especialmente si vive en el sur de Florida
- Batatas
- Aguacates
- Tomates
- Ajo
- Cebollas rojas y amarillas
- Grasas saludables, como aceite de oliva y aceite de aguacate
- Frutos secos y semillas, como linaza, semillas de girasol, almendras, nueces y pecanas
- Café y té
- Cereales integrales ya cocidos, como arroz o quinua, que pueden servir como base para una comida entre semana
- Frijoles cocidos desde secos o frijoles enlatados bajos en sodio, para añadir fácilmente proteínas a comidas y ensaladas
- Verduras y frutas ya lavadas y cortadas
- Pastas para untar en sándwiches, wraps o ensaladas, como hummus, yogur con limón, edamame o aderezos a base de yogur
- Frutos secos y semillas para comer entre comidas o espolvorear sobre sopas o ensaladas
- Panes o tortillas integrales
Escrito por Jodie Nicotra para Sylvester Comprehensive Cancer Center.
Tags: atención integral del cáncer, dieta basada en plantas y cáncer, doctora Carmen Calfa, doctora Paola Rossi, doctora Tracy Crane, estrategias de prevención del cáncer, manejo del riesgo genético de cáncer, Sylvester Comprehensive Cancer Center