Vacunas contra la COVID-19: esto es lo que sabemos

Reading Time: 6 minutes

A medida que los informes de vacunas efectivas contra la COVID-19 llegan a las noticias, más de nosotros vemos la luz legendaria al final del túnel pandémico. Las vacunas se han considerado durante mucho tiempo un arma importante contra las infecciones, y las tres que han anunciado ensayos exitosos de fase 3 no son la excepción.

Sin embargo, los expertos en salud pública y los médicos-científicos que participan en los ensayos clínicos tienen una advertencia: no baje la guardia. La COVID-19 seguirá entre nosotros incluso después de recibir la vacuna que tanto necesitamos.

“Es una gran victoria en la lucha por prevenir la enfermedad y nos brinda una forma de seguir adelante”, dice Susanne Doblecki-Lewis, MD, especialista en enfermedades infecciosas de University of Miami Health System. “Tenemos que tener en cuenta que no detendrá la propagación, pero ayudará”.

Templar el júbilo con un poco de realidad es lo que la Dra. Doblecki-Lewis y sus colegas saben hacer. Como investigadora principal de un ensayo clínico que probó la vacuna de Moderna en Miller School of Medicine de University of Miami (UM), es muy consciente de los beneficios y las limitaciones de las vacunas. Es más, “todavía hay muchas cosas que no sabemos”, dice. “Nos enfocamos en la eficacia, pero también debemos recordar que tenemos que encontrar la mejor manera de hacerla llegar a las personas”.

Detener la propagación de información errónea

Olveen Carrasquillo, MD, médico de atención primaria en University of Miami Health System, está preocupado por la información errónea sobre posibles vacunas que podría llevar a que las personas se nieguen a recibir las vacunas esenciales. (Los expertos estiman que entre el 50 % y el 70 % de la población debe vacunarse para detener la propagación). “Gran parte de lo que hacemos es brindar a las personas la información correcta. He escuchado muchos tipos de conceptos erróneos y algunos son disparatados”, dice.

Hasta ahora, tres vacunas han reportado resultados prometedores en los EE. UU. y el Reino Unido. La primera en hacerlo fue la de Pfizer/BioNTech, que recientemente solicitó la autorización de uso de emergencia ante la Administración de Alimentos y Medicamentos (Food and Drug Administration, FDA) de los EE. UU. Previene hasta el 95 % de las infecciones por COVID-19, dijeron los investigadores. La vacuna en desarrollo de Moderna también informa sobre una tasa de eficacia del 95 %. Las dos requieren una inyección de refuerzo con varias semanas de diferencia.

¿Cuál es la desventaja? Ambas necesitan un almacenamiento altamente especializado. La vacuna de Pfizer debe mantenerse a 70 grados centígrados bajo cero y la de Moderna, a 20 grados centígrados bajo cero. Es una temperatura mucho más baja que la que necesita la mayoría de las vacunas, y es probable que implique un problema en la distribución, particularmente en áreas rurales y países subdesarrollados.

La tercera vacuna posible, la de AstraZeneca/Universidad de Oxford, tuvo una tasa de eficacia promedio del 70 %, pero aumentó al 90 % con una pauta de administración de dos dosis. A diferencia de las otras dos, no requiere temperaturas de congelación tan bajas, solo refrigeración. También es más económica y más fácil de distribuir.

¿Cuándo puedo vacunarme?

Si estas vacunas reciben la aprobación de la FDA pronto, la mayoría de las personas no tendrán acceso a ellas hasta finales de la primavera o el verano. “Es importante que la gente lo sepa”, agrega el Dr. Carrasquillo. “Algunos piensan que todos recibirán las vacunas en tres semanas, pero la vacunación colectiva general probablemente llevará varios meses”.

Estas son solo tres de las aproximadamente 200 vacunas en desarrollo en todo el mundo. Otras a las que se debería prestar atención cuando comiencen a informar los resultados de sus propios ensayos clínicos son las siguientes: Sanofi/GSK, Novavax y Janssen (una subsidiaria de Johnson & Johnson). Los médicos-investigadores de UHealth, los Dres. Carrasquillo y Dushyantha Jayaweera, actualmente están llevando a cabo el ensayo clínico local de fase 3 para la vacuna en investigación de Johnson & Johnson/Janssen.

Hasta ahora, más de 150 participantes se han inscrito en el ensayo de Janssen, con el objetivo de inscribir hasta 1,000 voluntarios, dice el Dr. Carrasquillo. El sitio de la UM se centra en el reclutamiento de minorías y ancianos para proporcionar una cohorte diversificada. El Dr. estima que la investigación continuará hasta enero.

Para comprender en qué se diferencia cada una de estas vacunas en desarrollo, es importante reconocer cómo funcionan las vacunas en general y cómo dos, la de Pfizer y la de Moderna, están haciendo historia científica en su camino hacia la conquista de la COVID-19.

¿Cómo actúan las vacunas?

A diario nos encontramos con patógenos que causan enfermedades, y nuestro sistema inmunitario generalmente puede ayudarnos a combatir la mayoría, pero no siempre. Las vacunas ayudan. Lo hacen al “entrenar” a nuestro sistema inmunitario para que reaccione cuando entra en contacto con uno de los invasores dañinos. Las vacunas, explica la Dra. Doblecki-Lewis, no siempre detienen una infección. Lo que hacen es enseñar al sistema inmunitario a combatirla cuando se presenta. En otras palabras, si se vacuna, simplemente significa que es menos probable que se enferme.

Para desencadenar una respuesta inmunitaria, una vacuna puede usar diferentes componentes para iniciar la protección de anticuerpos: una forma inactivada del patógeno, una forma debilitada del patógeno, ciertas partes del patógeno (generalmente sus proteínas) o una toxina debilitada producida por el patógeno. Algunas vacunas también contienen adyuvantes, que estimulan la respuesta inmunitaria del cuerpo.

La vacuna de AstraZeneca, por ejemplo, contiene un virus patógeno debilitado, mientras que las vacunas en desarrollo de Janssen, Novavax y Sanofi/GSK utilizan proteínas patógenas complementadas con adyuvantes inmunoestimulantes. Las vacunas de Pfizer y Moderna, por otro lado, emplean una nueva tecnología de vacunas que la Dra. Doblecki-Lewis llama “de vanguardia”.

A diferencia de las vacunas que usan un virus debilitado o muerto o incluso una proteína viral, las vacunas de Pfizer/BioNTech y Moderna usan ARN mensajero (o ARNm para abreviar) para activar los anticuerpos de nuestro cuerpo. (El ARNm es material genético que sirve como una especie de manual de instrucciones para permitir que nuestras células produzcan las proteínas que necesitan para sobrevivir). En el caso de la vacuna contra la COVID-19, los investigadores crearon las instrucciones para los anticuerpos que actúan sobre la glicoproteína de la espícula del Sars-CoV-2.

Este ARNm se coloca en una masa de grasa que imita las proteínas que facilitan el paso a través de las membranas celulares. (Esa envoltura eventualmente se degrada). Cuando las células leen el ARNm, comienzan a producir la glicoproteína de la espícula característica del virus SARS-CoV-2. Esto, a su vez, inicia la producción de anticuerpos.

Sin embargo, este elaborado proceso en el que se engaña a nuestro sistema inmunitario para que actúe tiene un precio.

Las vacunas de ARNm necesitan temperaturas extremadamente frías porque el código genético y otras nanopartículas pierden su integridad si no se congelan. Sin embargo, los investigadores dicen que este avance en el desarrollo de vacunas nos ayudará a combatir virus futuros con mayor rapidez.

“Esto será algo que veremos mucho más en las vacunas”, dice la Dra. Doblecki-Lewis. “En el futuro, ni bien se tenga la secuencia de un virus, podremos intercambiarla, lo que acelerará el proceso”.

Antes de oír hablar de la COVID-19, la comunidad científica ya estaba estudiando ampliamente la tecnología del ARNm. Entonces, cuando los chinos publicaron el código genético del virus en enero de 2020, estos laboratorios especializados pudieron comenzar a reproducir el ARNm de inmediato. Es por eso que Pfizer y Moderna fueron los primeros en informar los hallazgos de sus ensayos de fase 3. En una pandemia en la que no hay tratamientos garantizados, un primer lanzamiento rápido puede salvar decenas de miles de vidas.

Por otro lado, las vacunas que utilizan los métodos más tradicionales, si bien son conocidas por ser muy eficaces, tardan más en producirse. En el pasado, una vacuna podía tardar de 10 a 15 años en desarrollarse. Ese es el tiempo que los científicos necesitaron para investigar un patógeno, reproducir los antígenos que podrían combatirlo y probarlo en cultivos celulares y en animales antes de pasar a los ensayos en humanos.

El tiempo reducido para desarrollar las vacunas de ARNm no las hace menos seguras, asegura la Dra. Doblecki-Lewis. Al igual que sus contrapartes tradicionales, los desarrolladores de vacunas de ARNm también deben presentar y cumplir los estrictos protocolos de seguridad impuestos por la FDA. De hecho, el ARNm puede ser especialmente beneficioso para las personas con sistemas inmunitarios comprometidos, como los ancianos o los que padecen enfermedades crónicas. Las vacunas que utilizan virus vivos debilitados producen solo una reacción leve en personas sanas, pero pueden provocar una reacción más grave en personas inmunodeprimidas.

El trabajo para encontrar una vacuna segura y eficaz no ha terminado.

Los científicos están obligando a aceptar ensayos clínicos de aspirantes que aún no han informado las tasas de eficacia. El Dr. Carrasquillo y su equipo de investigación harán un seguimiento de los participantes, principalmente realizando pruebas para detectar síntomas y anticuerpos de COVID-19 durante un año, posiblemente dos. Además, es posible que algunos investigadores de vacunas también realicen pruebas en niños menores de 12 años. Las primeras vacunas no siempre son las que se utilizan más.

“No nos detendremos aquí”, dice la Dra. Doblecki-Lewis. “Tenemos que continuar las pruebas y seguir aprendiendo”.


Para obtener más información sobre las vacunas contra la COVID-19, haga clic aquí


Ana Veciana-Suárez, columnista invitada

Ana Veciana headshot

Ana es una colaboradora habitual de University of Miami Health System. Es una autora y periodista reconocida que trabajó en The Miami Herald, The Miami News y The Palm Beach Post. Visite su sitio web en anavecianasuarez.com o sígala en Twitter a través de @AnaVeciana.