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El Duelo Y El Cáncer: Inseparables

9 min read  |  mayo 28, 2026  | 
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Lo que aprendí sobre el duelo mientras afrontaba la muerte de mi madre por cáncer, seguida muy de cerca por mi propio diagnóstico.

Rochelle Broder Singer, journalist and cancer survivor

Para mí, el cáncer y el duelo son inseparables. Mi madre murió de cáncer de ovario apenas unas semanas antes de que me diagnosticaran cáncer de mama en etapa temprana. Ya había comenzado el duelo incluso antes de que muriera, al verla cada vez más débil e incómoda y sabiendo que pronto se iría.

Luego, mi propio diagnóstico añadió una nueva forma de duelo: la pérdida de esa sensación de invulnerabilidad ante la enfermedad, de aquellos días en los que me sentía bien y esperaba que el cáncer no se acercara más de lo que ya lo había hecho.

¿Qué es exactamente el duelo?

El duelo es la respuesta natural a la pérdida de algo, explica la doctora Wendy G. Lichtenthal, directora fundadora del Centro para el Avance de la Atención al Duelo de Sylvester Comprehensive Cancer Center, parte de UHealth – University of Miami Health System.

Puede incluir:

Conmoción Añoranza
Ira Tristeza Miedo

Ansiedad Entumecimiento emocional Preocupación

Culpa Angustia existencial

“El duelo puede surgir por pérdidas que ya ocurrieron, que están ocurriendo o que anticipamos que sucederán”, señala la doctora Lichtenthal, quien utiliza un enfoque basado en evidencia para ayudar a los pacientes de Sylvester y a sus familias a afrontarlo.

Muchos temen preguntar sobre el duelo, hablar de él o mirarlo demasiado de cerca. Sin embargo, perder a alguien o algo quizá sea la experiencia más universal de la vida. Casi todos quienes crean vínculos afectivos pasarán por ello en algún momento. Las investigaciones muestran que atravesar ese proceso y darle espacio es una parte importante de adaptarse. Yo me aferré a esa idea y quiero compartir aquí parte de mi experiencia.

Por qué empecé el duelo por mi madre antes de que muriera de cáncer

Tuve la fortuna de pasar las últimas semanas de vida de mi madre a su lado: decirle cosas importantes, abrazarla varias veces más y verla mientras todavía sonreía.

La primera pérdida fue su capacidad para conversar. A medida que el cáncer avanzaba, hablar se volvió agotador. Tenía una lista de preguntas que quería hacerle antes de que muriera e incluso empecé a grabar sus respuestas, dichas con una voz cada vez más ronca y débil. Pero pronto quedó claro que nunca llegaríamos a hablar de todo.

Poco después, tuvo que reservar la poca voz que le quedaba para responder preguntas importantes sobre su atención y su estado de salud. Mi madre tenía apenas 76 años. Yo esperaba muchos más años a su lado, mucho más tiempo para seguir descubriéndola.

Luego llegaron otras pérdidas. Ya no podía permanecer despierta por mucho tiempo. En plena noche, sufrió una perforación en el colon que hizo necesaria una intervención de emergencia. Varios médicos le recomendaron ingresar a cuidados paliativos, pero ella se negó durante semanas.

La trasladamos primero a un centro de enfermería y, cuando finalmente aceptó los cuidados paliativos, a una residencia asistida. Perdió peso de forma rápida y evidente. Primero necesitó mucha ayuda para levantarse de la cama y, después, ya no pudo hacerlo.

Cada noche, acostada en la habitación de huéspedes de la casa de mis padres, lloraba por las partes de mi madre que iba perdiendo, junto con el dolor, el agotamiento y el malestar que imaginaba que debía de estar sintiendo. Temía la siguiente llamada en mitad de la noche.

A veces lloraba o me quedaba despierta mientras los pensamientos daban vueltas sin parar. Otras noches simplemente me levantaba a leer o escuchaba el pódcast de Anderson Cooper sobre el duelo, “All There Is”.

Cuando murió, sentí una mezcla de dolor por la pérdida definitiva y alivio porque ya no seguiría sufriendo ni deteriorándose. Como comentamos la doctora Lichtenthal y yo, es completamente normal experimentar sentimientos contradictorios al mismo tiempo, y parte de mi proceso consistió simplemente en aprender a convivir con ellos.

Todavía hoy siento emociones opuestas a la vez, y aceptar que son normales y que no necesito hacer nada para cambiarlas ha sido liberador.

El duelo ante mi propio diagnóstico de cáncer

Justo cuando estaba aprendiendo a vivir en un mundo sin la presencia física de mi madre, me diagnosticaron cáncer de mama.

Después del impacto inicial, el agotamiento mental me invadió ante la sola idea de toda la tediosa carga administrativa necesaria para llegar a la cirugía. Aunque estaba bastante segura de que este cáncer sería relativamente fácil de tratar y de que no sería mortal, seguía sintiéndome triste, preocupada, ansiosa y asustada.

Para mi sorpresa, el duelo relacionado con mi propio cáncer se intensificó cuando terminé el tratamiento activo y comencé un régimen de tamoxifeno de cinco años. Lo que sentía parecía desproporcionado frente a lo que realmente había vivido.

Hablé con la doctora Lichtenthal, quien también es psicóloga clínica y profesora de ciencias de la salud pública en la Miller School of Medicine, y me aseguró que esas emociones son completamente normales.

“La experiencia del cáncer puede sacudirnos y dar lugar a distintas formas de duelo por las múltiples pérdidas que conlleva”, explica. “Muchas personas tienden a compararse con otras y terminan bloqueando su propio duelo porque sienten que no tienen derecho a sentirlo. Pero, si sientes tristeza por algo importante que has perdido, tienes derecho a ese duelo, y es completamente normal”.

Cómo afronto el duelo

Como sabe cualquiera que haya atravesado un duelo, no ocurre en etapas definidas. Yo paso constantemente de una emoción a otra. Los recuerdos aparecen de repente y me hacen sentir tristeza, felicidad o, a veces, ambas cosas al mismo tiempo.

Como dice la doctora Lichtenthal: “El duelo no es lineal; es caótico”. También puede ser profundamente angustiante y doloroso, algo que, según ella, es completamente normal.

Hay muchas maneras de afrontarlo. En lo personal, intento darme permiso para sentir lo que necesite sentir y dejarlo salir a través del llanto, como si las lágrimas fueran la válvula de escape de nuestras emociones.

Durante el primer año después de la muerte de mi madre, participé varios días a la semana en espacios de oración comunitaria. También encontré un grupo en línea de personas en duelo con quienes podía compartir ese proceso.

Eso me dio un momento y espacio propios para pensar en mi madre y sentir el duelo: por ella, por mí misma, por mis abuelos, a quienes había perdido en los dos años anteriores, y por mi perro, que murió apenas una semana antes que mi madre.

Hablé de mi madre con cualquiera que quisiera escucharme. Practiqué yoga en línea para personas en duelo, participé en meditaciones con baños de sonido, encendí velas en su memoria y disfruté viendo fotos y videos de ella. Lloré muchas veces más, pero también sonreí.

Encontrar sentido puede ayudar después del cáncer

Hablé extensamente con la doctora Lichtenthal sobre la importancia de encontrar sentido durante el proceso del cáncer. También compartió conmigo lo que muestran sus investigaciones sobre el valor de encontrar significado y tomar decisiones durante cualquier experiencia de duelo. En concreto, anima a quienes atraviesan un duelo a:

  • Elegir formas de pensar que resulten útiles.
  • Apoyarse, aunque sea por un momento, en una perspectiva que ayude, incluso si no se cree plenamente en ella.
  • Preguntarse qué le dirían a alguien a quien quieren.
  • Cuestionar la tendencia a pensar, con la perspectiva del tiempo, que “deberían haber sabido”.
  • Ser compasivos con la manera en que interpretan el mundo y con sus propios pensamientos.
  • Redirigir suavemente la atención cuando aparezca la idea de cómo “deberían” sentirse.

“Siempre puedes decidir cómo responder al sufrimiento del duelo”, añade la doctora Lichtenthal. “No se trata de tener una actitud positiva, sino de adoptar una postura, ya sea ‘voy a levantarme de la cama’ o ‘hoy necesito taparme la cabeza con las cobijas’”. Y, si estás sufriendo y aun así sientes que debes levantarte y seguir adelante, eso también es una decisión, explica. Está tan alineada con tus valores que quizá ni siquiera te das cuenta de que la estás tomando.

Hablemos del duelo

Durante agosto habrá dos oportunidades para escuchar a la doctora Lichtenthal hablar sobre el duelo.

El 21 de agosto de 2025, a las 6:00 p. m., compartirá su trabajo sobre la investigación del duelo y la creación de sistemas de salud más compasivos y preparados para acompañar a las personas que atraviesan una pérdida, en una charla titulada “El cuidado no termina: apoyo en hospicio y acompañamiento en el duelo para pacientes y familias”.

Luego, el 29 de agosto de 2025, a las 12:00 p. m., ofrecerá un seminario web con preguntas y respuestas para personas en duelo, titulado “Construir apoyo: cómo ayudar a los demás a comprender tu duelo”.

El Día Nacional de Concientización sobre el Duelo se conmemora el 30 de agosto.

Si necesita apoyo, el Centro para el Avance de la Atención al Duelo de Sylvester ofrece a los pacientes y a sus seres queridos asesoramiento individual y grupal, educación y otros recursos. También brinda capacitación a profesionales de la salud para ayudarlos a comprender y acompañar mejor el duelo.


Escrito por Rochelle Broder-Singer, periodista con más de dos décadas de experiencia en periodismo y comunicación, para Sylvester Comprehensive Cancer Center.


Tags: apoyo emocional cáncer, duelo anticipado, duelo y cáncer, pérdida familiar, salud mental, sobrevivientes de cáncer, Sylvester Comprehensive Cancer Center

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